lunes, 18 de noviembre de 2013

Errores de lógica

Copiado del blog Sindinero.org

1) Efecto halo: Normalmente nos dejamos deslumbrar por una única cualidad de una persona (belleza, estatus… ), deduciendo de ahí el resto de atributos. La publicidad explota continuamente este efecto, de gran arraigo en nuestro subconsciente. Ejemplo: A los guapos los consideramos más inteligentes, majos, sinceros y competentes (de ahí que G. Clooney sea la imagen de Nespresso, y no Danny de Vito).
2) Aversión a la pérdida: El miedo a perder algo excede con creces a la felicidad obtenida al ganar una cosa de valor semejante. Los inversores bursátiles, p.e, conocen muy bien este error de lógica: Tienden a no liquidar sus inversiones en pérdidas, esperando a una improbable recuperación… con lo cual, al final terminan palmando más pasta todavía.
3) Pensar que las casualidades improbables son fenómenos paranormales: El típico ejemplo es el de ese amigo que me llama por teléfono justo cuando estoy pensando en él/ella, y empiezo a fliparme con mamarrachadas paranormales (¡¡telepatía,oiga!!). Sin embargo, no considero la infinidad de veces que me he acordado de ese colega y no me ha telefoneado… y es que lo raro sería que nunca nos hubiésemos llamado al pensar alguna vez el uno en el otro.
4) Sesgo de autoridad: Tendemos peligrosamente a obedecer a las autoridades de forma acrítica e irreflexiva, a aceptar las opiniones y pronósticos de los expertos (por el mero hecho de serlos). Ejemplo: El director de mi sucursal bancaria, todo un profesional de la gomina, me recomienda que invierta mi dinero en preferentes… y voy yo y sigo sus indicaciones confiando en su “gran conocimiento” de los mercados… ¿hace falta que siga con la historia?
5) Reciprocidad: Es la presión psicológica que sentimos cuando alguien nos hace un regalo o invita a algo, manifestándose dicha presión en la necesidad de corresponder a ese gesto. Ejemplo: Muchos inmigrantes africanos que se ganan la vida vendiendo artesanía por la calle te regalan una figura de un elefantito para ponerte en un compromiso y que termines comprándoles alguna baratija.
6) Gregarismo: Se trata de pensar (absurdamente) que cuantos más seguidores tiene una idea, más correcta será ésta. Ejemplo: Todo el mundo dice que el ladrillo nunca baja, que es una gran inversión (excepto algún excéntrico con afán de protagonismo), y por eso voy y me hipoteco para adquirir un chalet de 300.000 euros (en plena burbuja… )
7) Disonancias cognitivas: Las disonancias cognitivas se producen cuando dos pensamientos entran en conflicto, o cuando nuestro comportamiento choca contra nuestro sistema de creencias. En ese caso buscamos autojustificaciones, pequeños (o grandes) autoengaños que reduzcan la tensión resultante. Ejemplo: Me compro un coche y al ponerlo en marcha advierto que hace un ruido infernal… en vez de admitir mi error en la adquisición, me autoengaño pensando que con semejante estruendo jamás me quedaré dormido al volante…
8) Falacia del jugador: Consiste en creer que en los juegos de azar existe una fuerza misteriosa compensatoria. Un ejemplo lo podemos observar en aquellas personas que juegan siempre a un mismo número de lotería, pensando que tiene más probabilidad de salir por el simple hecho de no haber sido premiado antes, cuando la realidad es que todos los números son equiprobables -dicho de otra forma, el sorteo de un año no “se acuerda” del sorteo del año anterior-.
9) Pensar de forma relativa: También llamado “efecto contraste”. Según este efecto, la gente suele pegarse una caminata de 10 minutos para ahorrarse 10 euros en comida, pero no lo haría para ahorrarse 10 euros en la compra de un traje de 1000 euros. Totalmente irracional, ya que 10 euros son 10 euros.
10) Asumir que la correlación implica causalidad:  Para entender esto lo ilustraremos con un ejemplo extremo. Al observar que a más consumo de helados, mayor número de ahogamientos (existe una correlación entre ambas variables), concluyo que el comer helados eleva la probabilidad de perecer ahogado (causalidad). Evidentemente esta conclusión es errónea, ya todos sabemos que en verano aumenta, de forma independiente, tanto el consumo heladero como las desgracias acuáticas, sin haber una relación de causalidad entre ambas variables. Para comprender mejor este fallo o sesgo, os recomiendo este post en naukas.com: Correlación no implica causalidad.
 Bien, pues hay muchos más sesgos o errores lógicos, como el descuento hiperbólico, el sesgo de omisión y muchos otros. Si tenéis interés en el tema, un libro muy didáctico para introducirse en el asunto es “El arte de pensar”, de Rolf Dobelli, que expone de forma muy sencilla 52 de estos errores de lógica…



viernes, 11 de octubre de 2013

La eficacia de los antidepresivos puesta en duda

Mucho se ha discutido sobre si los antidepresivos son realmente eficaces en el tratamiento de la depresión o si, en realidad, sólo son prácticos desde el punto de vista del efecto placebo. En este artículo se revela la evidencia científica actual de los últimos estudios sobre el tema.

¿Es la felicidad un trastorno mental?

Hay quien piensa que la felicidad, en su más alto grado, no deja de ser un trastorno mental que puede ser pasajero o crónico. Si te interesa la información pincha aquí

jueves, 19 de septiembre de 2013

"El Profesor" de Frank McCourt

Algunos párrafos sacados del libro "El Profesor" de Frank McCourt (premio Pulitzer, autor de Las Cenizas de Ángela).

Recomendable lectura para todos los profesionales de la enseñanza.

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Oiga, señor McCourt ¿ha hecho alguna vez algún trabajo de verdad, no de profesor sino, ya sabe, trabajo de verdad?

¿Estás de broma? ¿Qué crees que es la enseñanza? Echa una mirada a este aula y piensa si te gustaría subir aquí arriba y hacerles frente todos los días. A vosotros. La enseñanza es más dura que trabajar en los muelles y los almacenes…

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El catedrático de Pedagogía de la Universidad de Nueva York nos advirtió sobre los días de enseñanza que nos esperaban. Dijo que las primeras impresiones son fundamentales. Dijo: “E1 modo en que reciban y saluden a su primera clase puede determinar el transcurso de toda su carrera profesional. De toda su carrera profesional. Les estarán vigilando. Ustedes los estarán vigilando a ellos. Estarán tratando con adolescentes estadounidenses, una especie peligrosa, y no tendrán piedad con ustedes. Les tomaran la medida, y decidirán qué hacer con ustedes. ¿Se creerán ustedes que controlan la situación? Pues no se lo crean. Son como un misil guiado por el calor. Cuando van por ustedes, siguen un instinto primigenio. Es función de los jóvenes librarse de sus mayores, hacerse sitio en el planeta. Lo saben ustedes, ¿verdad? Los griegos lo sabían. Lean a los griegos.”

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El catedrático decía que antes de que tus alumnos hayan entrado en el aula, tú ya debes haber decidido dónde estarás (“postura y situación") y quién serás (“identidad e imagen"). Yo no me había imaginado que enseñar fuera tan complicado. Decía: “No pueden enseñar si no saben dónde situarse físicamente. Esa aula puede ser para ustedes un campo de batalla o un campo de juegos. Y tienen que saber quiénes son ustedes. Recuerden lo que dijo Pope: “Conócete a ti mismo, no aspires a escudriñar a Dios. El objeto propio de estudio de la humanidad es el hombre.” En su primer día de clase deben ponerse de pie a la puerta de su aula y decir a sus alumnos cuanto se alegran de verlos. De pie, he dicho. Cualquier dramaturgo les dirá que cuando el actor se sienta, la obra también se sienta. La mejor medida, con diferencia, es establecerse a si mismo como presencia, y hacerlo fuera, en el pasillo. Fuera, he dicho. Ese es su territorio, y cuando los vea allí fuera los verán como profesores fuertes, sin miedo, dispuestos a hacer frente a la horda. Una clase es eso, una horda. Y ustedes son profesores guerreros. La gente no lo tiene en cuenta. Su territorio es como su aura, los acompaña en todas partes, en los pasillos, en las escaleras e, indubitablemente, en el aula.
No consientan jamás que invadan su territorio. Jamás. Y recuerden: los profesores que se sientan, e incluso los que se ponen de pie detrás de sus mesas, padecen una inseguridad esencial y deberían probar suerte en otro tipo de trabajo.

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Si les levantas la voz o les hablas en tono cortante, los pierdes. Así es como les tratan, en general sus padres y los centros educativos…

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El aula es un lugar de gran dramatismo. Nunca sabes lo que has hecho para o por los centenares de alumnos  que llegan y se van. Los ves salir del aula: soñadores, apagados, burlones, con admiración, sonrientes, desconcertados. Al cabo de unos años desarrollas unas antenas. Te das cuenta de si les has llegado o si los has hecho apartarse de ti. Es una química. Es psicología. Es instinto animal. Estás con los chicos y,  mientras quieras ser profesor, no tienes escapatoria.

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