martes, 21 de febrero de 2012

Aburrir en clase es un crimen

     El profesor Walter Lewin, opina que aburrir en una clase de Física es un crimen. Yo lo haría extensivo a cualquier disciplina y diría que aburrir en clase es más que un crimen: es una perversión cognitiva. Cuando pensamos en la estructura cerrada y estanca de las disciplinas académicas, en esas sillas incómodas donde el alumnado se ve obligado a permanecer inmóvil por cinco o seis horas diarias, en esa representación indirecta de la realidad que son los libros de texto que hay que memorizar, en la relación rígida entre el profesor (poseedor de la verdad y el conocimiento) y el alumno (receptor pasivo de la verdad y el conocimiento) entonces nos daremos cuenta de que es el propio sistema actual el que es propenso a  producir hastío y agresividad.
     Afortunadamente en algunos centros ya se empiezan a generar otras estructuras y otras formas de entender la enseñanza. Los buenos profesores no aburren, más bien animan, acompañan en el conocimiento e incluso, como en el caso del profesor Lewin, divierten. Esa es la forma de crear vocación por el conocimiento, por la ciencia.

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jueves, 9 de febrero de 2012

jueves, 26 de enero de 2012

Apuntes sobre la adolescencia (V)

Baja tolerancia a la frustración
    Las frustraciones, especialmente las pequeñas contrariedades que son cotidianas y recurrentes, forman parte de la vida de todas las personas. Si no estamos preparados para soportar la emocionalidad negativa que nos generan estas adversidades diarias, estas nos harán daño continuamente y contaremos con pocos recursos con los que hacerles frente.
    Las contrariedades diarias, biológicas, psicológicas y sociales, constituyen una parte importante de nuestro quehacer vital y la forma de manejarlas y enfrentarnos a ellas contribuirán a que tengamos un nivel emotivo adaptado, dentro de unos umbrales de felicidad aceptables. La mejor manera de desarrollar estas estrategias de enfrentamiento consiste en ir aumentando progresivamente la tolerancia a la frustración. Para ello, es preciso que, de forma paulatina, nuestros niños y adolescentes se vayan  enfrentando a situaciones frustrantes cada vez de mayor calado.

miércoles, 4 de enero de 2012

La religión en el sistema educativo y la ciencia en las iglesias

     Como bien dice Pepe Rodriguez en su web  el hecho religioso como acontecimiento histórico debe ser contemplado como elemento del curriculum, pero otra cosa es utilizar las clases como instrumento de adoctrinamiento en unas determinadas creencias totalmente irracionales, bien distintas del resto de las que se imparten en esos "templos" del saber que son o deberían ser los centros educativos.
     A mi modo de ver, ciencia y religión son incompatibles. La religión actua sobre dogmas, creencias irracionales obligadas que no están basadas en la evidencia; se trata de una forma de pensar totalmente dicotómica, o es negro o es blanco, o se tiene fe o no se tiene. Por el contrario, la ciencia se basa en evidencias, en hechos demostrables. La incertidumbre y la probabilidad son los instrumentos básicos del conocimiento científico. Es un saber probabilístico, donde no existe ni el blanco ni el negro, sino posibilidades de grises.
     Por ello, la religión siempre es la misma y se basa en libros sagrados inmutables. La ciencia avanza debido a que sus libros siempre son superados según aumentan los conocimientos.

     Reproduzco a continuación una irónica propuesta para que, de la misma forma que la religión se ha introducido de manera alevosa en los centros educativos, la ciencia pueda dejar constancia de sus teorías y conocimientos en las iglesias.

martes, 13 de diciembre de 2011

Apuntes sobre la adolescencia (IV)



Infravaloración del esfuerzo.
            Hay realmente un componente loable en la búsqueda del estado del bienestar en el que están implicados todos y cada uno de los ciudadanos del mundo occidental. El problema se produce cuando este bienestar se convierte en el estado de la superabundancia, en la sociedad del hartazgo y el derroche.
            Desde el momento en que nacen nuestro niños están continuamente rodeados de cosas que obtienen per se, sin que tengan que hacer ni el más mínimo mérito para conseguirlas. Desde pequeños están imbuidos de la idea del derecho a la posesión, de no necesitar la realización de ningún tipo de sacrificio personal para conseguir lo que desean.  Los medios de comunicación, especialmente los programas basura, las series rosa, los reality shows de la televisión muestran que basta ser zafio, burdo, charlatán, maleducado, etc., para conseguir el éxito social. En este contexto es difícil persuadir a nuestros adolescentes de los beneficios del esfuerzo para el desarrollo de las competencias sociales.

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