domingo, 13 de febrero de 2011

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE PSICOBIOLOGÍA DEL TDO

PSICOBIOLOGÍA DE LAS CONDUCTAS DISRUPTIVAS I


     La mayoría de las investigaciones realizadas sobre los fundamentos biológicos de la conducta perturbadora tienen como objetivo la agresividad referente al subtipo de baja socialización, como se describía en las primeras versiones del DSM. No obstante, dadas las relaciones profundas entre los distintos tipos de conductas antisociales, creemos que al menos parte de estos conocimientos serían aplicables al TDO.




     Los factores biológicos se relacionan con los patrones de conducta antisocial (DiLalla y Gottesman, 1989; Dolan, 1994; Linnoila y Virkkunen, 1992; Virkkunen y Linnoila, 1993), si se cumplen las siguientes condiciones:

• Aparición en edad temprana.

• Conducta antisocial generalizada a lo largo del tiempo y en diferentes contextos.

• Agresión impulsiva hacia las personas y las propiedades.

• Aparición temprana y severa de consumo de alcohol y otras drogas.

• Historia familiar de conducta antisocial y consumo de drogas.

     En los estudios anteriormente citados es muy aconsejable tener en cuenta los procesos comórbidos de los problemas de conducta con otros trastornos, especialmente el TDAH, donde se ha constatado la importancia de los factores biológicos en su aparición y desarrollo. Así, por ejemplo, los niños con TDAH y TC tienen una mayor historia familiar de conducta antisocial en los parientes de primer grado, si los comparamos con los niños con sólo TDAH (Biederman, Munir y Knee, 1987; Lahey, Piacentini, McBurnett, Stone, Hartdagen, e Hynd, 1988; Faraone, Biederman, Keenan y Tsuang, 1991). Estos últimos no difieren en la proporción de parientes con conducta antisocial de los niños del grupo control. En los niños con los dos trastornos comórbidos el riesgo de personalidad antisocial y criminalidad en la vida adulta aumenta de forma clara (Mannuzza, Klein, Konig y Giampino, 1989).


Genética

     Los estudios sobre la influencia de la genética en los problemas de conducta se han referido especialmente a los hermanos gemelos y a niños adoptados. En un futuro próximo quizás la genética molecular pueda aportar alguna luz identificando genes que puedan estar implicados en la conducta antisocial. En estudios realizados sobre adultos, los gemelos monocigóticos muestran una tasa más alta de coincidencia en conductas antisociales y en condenas judiciales que los dicigóticos. En los primeros, la tasa de coincidencia alcanza el 35 %, mientras que los segundos coinciden en el 13 % (Christiansen, 1977). En un estudio comparativo entre gemelos y delincuencia realizado desde 1931, con muestras de distintos países, Gottesman y Goldsmith (1994) encontraron una tasa de coincidencia en los varones de un 52 % para los gemelos monocigóticos, mientras que los dicigóticos tenían un 23 % de tasa de coincidencia.

     Los estudios sobre hijos adoptados también muestran un efecto genético sobre la conducta agresiva y antisocial. Algunos trabajos (Schulsinger, 1972; Hutching y Mednick, 1974; Crowe, 1978; Cadoret y Cain, 1980), muestran que los niños adoptados cuyos padres biológicos tienen una larga historia de delincuencia, presentan una mayor frecuencia de conductas antisociales que los niños adoptados cuyos padres no tienen conducta antisocial. Estos comportamientos se producen incluso cuando los niños son separados de sus padres biológicos al nacer. Los citados estudios presentan, a veces, contrastes en los resultados, así mientras que Slutske, Health, Dinwiddie, Madden, Bucholz, Dunne, Staham y Martin (1997) encontraron diferencias significativas en muestras que presentaron un 53 % de concordancia para el TC en gemelos monocigóticos y un 37 % para los dicigóticos, Lyons, True, Eisen, Goldberg, Meyer, Faraone, Eaves y Tsuang (1995) mostraron que la heredabilidad para el TC era muy pequeña. 

     Creemos que es la interacción entre los factores genéticos y ambientales la responsable de la manifestación de los problemas de conducta. Se ha utilizado el modelo de niños adoptados para estudiar los efectos de la genética sobre la conducta antisocial de la población juvenil y se ha obtenido que la interacción genes-ambiente es muy clara para la agresividad infantil, el diagnóstico infantil del TC y la agresividad adolescente. En este sentido se ha observado que, en ausencia de padres biológicos antisociales, el niño adoptado no tenía riesgos para estas tres condiciones incluso cuando se criaba en ambientes familiares disfuncionales. De la misma forma, en los niños de padres biológicos con conducta antisocial, el riesgo de presentar TC en la infancia o la adolescencia se incrementaba en función de la adversidad del medio familiar de adopción, como el estrés de la pareja, problemas de drogas y alcohol, problemas legales, divorcio o enfermedad mental en los padres adoptivos (Cadoret, Yates, Troughton, Woodworth y Stewart, 1995).

Genética y drogas

     Un asunto importante para el estudio de la genética de la conducta antisocial es el solapamiento con abusos en el consumo de sustancias psicoactivas y alcohol, lo cual tiene sus propios factores genéticos. El consumo de alcohol tiene una clara influencia sobre la conducta antisocial y hace más fácil caer en la delincuencia. Se distinguen dos tipos de alcoholismo: tipo I y tipo II. En el alcoholismo de tipo I, que es menos severo, la edad de comienzo del consumo regular es tardía, afecta a más mujeres, hay una ausencia de conducta antisocial y existe una culpa sobre la conducta de beber. El alcoholismo de tipo II es, casi con exclusividad, masculino, se asocia con agresiones y conducta antisocial y se instaura en el individuo a edades tempranas. Los patrones genéticos para ambos tipos de alcoholismo difieren bastante.

     Así, los chicos adoptados de padres biológicos que presentan alcoholismo de tipo I, no tienen un incremento en factores de riesgo a no ser que algún miembro de la familia adoptiva también lo sea; es decir, existe una clara interacción genética-ambiente en este tipo de alcoholismo. Sin embargo, en claro contraste, el 18 % de los hijos adoptados de padres biológicos con problemas de alcoholismo del tipo II, van a presentar este tipo de desórdenes independientemente de la conducta exhibida en ese sentido por los miembros de la familia receptora. De la misma manera, un niño cuyos padres biológicos no exhiben conductas de alcoholismo tipo II y son adoptados por padres con este tipo de problemas, no está expuesto a este desorden en una tasa superior a los niños de la población general (grupo de control). Esto indica que el efecto del medio sobre el alcoholismo tipo II es de poca incidencia (Cloninger, 1989).


     Por otra parte y en este mismo sentido, se ha estudiado a un grupo de niños adoptados (algunos de los cuales tenían padres biológicos con personalidad antisocial o conductas de abuso de drogas y alcohol) encontrando que el abuso de alcohol y drogas se relacionaba con estas conductas en el hijo adoptado, independientemente de la agresividad y los trastornos de conducta. Por su parte, la personalidad antisocial en el padre biológico conducía a la agresividad de aparición temprana y al TC en el hijo adoptado. Estos síntomas, al final, también derivaban a la larga en consumo de drogas y alcohol (Cadoret et al., 1995a).

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